Covid-19: cambios en la educación

  • Actualmente son 61 los países que suspendieron parcial o totalmente sus clases presenciales. Según la última actualización (13, marzo 2020) son 61 los países que se suman a la suspensión de clases presenciales (parcial o totalmente) en sus centros educativos, lo que impacta en 421.400.000 niñas, niños y jóvenes afectados.
  • Muchos hablan en la actualidad de la educación online como la respuesta, pero quienes conocen en profundidad el fenómeno de la educación online saben bien que no se puede articular de cualquier manera.

El Coronavirus ha marcado un punto de inflexión global a la hora de pensar nuestra agenda en múltiples frentes. Más allá del claro riesgo sanitario que representa, ha dejado al descubierto la fragilidad de algunos de nuestros sistemas fundamentales para el funcionamiento social, tales como el sistema de salud, el de educación y el de transporte.

La ausencia de protocolos para el abordaje de esta clase de situaciones, sumada a la falta de planes de contingencia para no afectar el funcionamiento de estos sistemas fundamentales para el funcionamiento social, ha sumido a muchas sociedades en un sentimiento de pánico que no contribuye a minimizar los efectos del virus. Ha quedado de manifiesto que todos estos sistemas necesitan profundas revisiones, y el desarrollo de protocolos y planes más estrictos ante esta clase de circunstancias.

En el plano de la educación formal, la situación presente es crítica. Actualmente son 61 los países que cancelaron parcial o totalmente sus clases presenciales. Según la última actualización (13, marzo 2020) son 61 los países que se suman a la suspensión de clases presenciales (parcial o totalmente) en sus centros educativos, lo que impacta en 421.400.000 niñas, niños y jóvenes afectados.

Muchos de estos países cuentan con servicios de educación online que permiten garantizar, al menos parcialmente, el desarrollo de clases. La UNESCO recomienda la implementación de los espacios virtuales de aprendizaje como medida, mientras que Harvard University lanzó las mejores prácticas pedagógicas para clases online y Coursera puso a disposición una plataforma especial para Universidades.

Con estas señales, está claro que el mundo entero toma consciencia de la dimensión del desafío que tenemos, e intenta articular una respuesta que proteja los intereses de los más vulnerables en esta cadena: niños, niñas y jóvenes. La pregunta clave que debemos formularnos es ¿es esta respuesta suficiente? ¿Son estos sistemas articulados a último momento una respuesta válida y suficiente? ¿Estamos garantizando que los procesos de aprendizaje continúen o se trata de una solución cosmética para mostrar que los sistemas educativos tienen una respuesta?

Muchos hablan en la actualidad de la educación online como la respuesta, pero quienes conocen en profundidad el fenómeno de la educación online saben bien que no se puede articular de cualquier manera. No alcanza con filmar una clase y transmitirla para que una niña, niño o joven pueda aprender. Y esta situación es la que más nos interpela, nos muestra que estamos escasos de respuestas cuando se trata de garantizar un derecho tan fundamental como lo es el del aprendizaje.

¿Genera el COVID-19 un punto de inflexión en las experiencias de aprendizaje a mediano y largo plazo?