¿Todo lo viral es noticia?

José Mujica murió en un hospital de California. “Había estado luchando contra dolores en el pecho durante meses”, dice la noticia. Y debe ser verdad porque la vi en Facebook y la habían compartido miles y miles de personas de todo el mundo. También tiene que ser cierta esta foto que me acaba de llegar por WhatsApp. El senador frenteamplista Leonardo De León con una botella de Chivas Regal y vasitos de espuma plast en el avión de Alur. Cuánto descaro, tomarse un Chivas en esos vasitos.

De lo otro que me enteré fue del doping positivo del jugador de Nacional, Rodrigo Aguirre. Se pasó de merca, parece. Debe ser por eso que nunca está en los partidos importantes. Qué cosa. También vi la foto esa en la que unos cuantos líderes mundiales rodean admirados al presidente ruso Vladimir Putin ¿No la vieron? La compartió el analista político pro-Kremlin, Sergey Markov, a sus 22.000 seguidores de Facebook. Putin sentado en el medio, canchero, con esa imperturbable y poderosa cara rusa. Y el resto de los líderes, Donald Trump, Angela Merkel, casi agachados, sumisos ante una suerte de oráculo de la sabiduría. Fue una de las imágenes virales de la cumbre del G 20. Está buenísima. Tiene que ser cierta, ¿no? ¿O habrá sido photoshop? Capaz que la silla estaba vacía y le metieron digitalmente al mejor Putín que encontraron.

Capaz que Aguirre no tomó cocaína y nunca existió el doping positivo. A lo mejor De León no toma Chivas en vasitos de espuma plast cuando viaja en avioneta. Ojo, capaz que Mujica no murió en California. ¿Alguien fue hasta la chacra a chequear? Estamos viviendo la era de mayor comunicación de toda la historia y es cada vez más difícil comunicar.

La comunicación fluye casi que sin barreras, va de un lado a otro sin peaje, sin intermediarios, si alguien quiere comunicar, comunica. Así, como con un chasquido de dedos, con lo que se demora en apretar una tecla de enviar o de reenviar. ¿Pero se comunica bien? ¿Qué es lo real? ¿Qué es lo falso? Hace años que se vienen agitando las sábanas fantasmagóricas de la muerte del periodismo– ya no la del papel, la del periodismo– y hace años que esta nueva forma de comunicar no hace más que exigir y resignificar al oficio y a los medios tradicionales. Se ha vuelto imprescindible la tarea de filtrar la catarata de información que inunda la web, de chequear la interminable lista de fake news que revientan los celulares en los grupos de WhatsApp.

El riesgo, creo, es permitir que eso que circula a toda velocidad como un chiste o una campaña mal intencionada tenga la fuerza de marcar la agenda de los periodistas y los medios tradicionales. Lo preocupante es estar yendo permanentemente atrás de lo falso para desmentirlo. ¿Es esa la nueva tarea del periodismo? Y lo más inquietante: ¿Le interesa a alguien?

Capaz también convendría hacerse más a menudo una pregunta: ¿Todo lo viral es noticia? Ojalá los periodistas, los canales tradicionales de comunicación y el público podamos surfear esta ola sin que nos revuelque. Sin que perdamos los reflejos de preguntarnos qué carajo estaba haciendo Mujica en California antes de darle click a compartir.